Mala leche

No sé si te había explicado alguna vez que la leche fue el primer producto animal que dejé de consumir cuando adopté una dieta vegetariana. Antes que la carne, antes que el pescado.

Nunca llegué a cuestionarme su procedencia, si era necesaria para mi alimentación o siquiera el impacto que suponía a nivel global. La bebía porque era lo que había en casa. Porque era lo normal entre los niños y no tan niños. Porque no hacerlo iba en contra de lo que decía la sabia televisión, a la que tanto se le da bien informar como formar.

Con el paso del tiempo, me fui dando cuenta del constante engaño al que estamos sometidos cuando hay productos animales por en medio. A raíz de eso, he aprendido a cuestionármelo todo y creer sólo en aquello que, después de someterlo a análisis, concuerda con mi ética y filosofía. Y la leche ha estado desde entonces en mi punto de mira.

Sé que este post podría dar para muchas líneas pero no quiero extenderme más de lo debido. Me gustaría darte a conocer los 4 motivos principales, de manera breve pero justificada, por los que dejé de beber leche animal.Vaso de lecheLa principal razón por la que renuncié a su consumo fue el descubrir la manera tan horrible de conseguir este líquido blanco. Solemos pensar que como no hay sangre visible, no existe sufrimiento alguno pero, ¿cuál es la auténtica realidad?

Veamos: si las vacas sólo producen leche cuando dan a luz a sus crías hasta la edad del destete (igual que ocurre con el resto de mamíferos) y los humanos quieren tener vía libre para consumirla durante toda su vida, habrá que deshacerse de una pequeña incomodidad de 4 patas recién nacida, ¿no?.

Para que esto ocurra, no quedará otro remedio que romper el vínculo entre madre y cría. Si no hay cría, la leche que su mamá tiene preparada para ella estará a nuestra entera disposición. Así de simple, así de cruel. A veces me da por pensar cómo un ser humano supuestamente inteligente es capaz de traspasar el límite de la sensibilidad y de la empatía con un acto tan bárbaro, tan mezquino y para nada digno de nuestra especie.

Pero esto no es todo. Para que las vacas tengan crías cuando no hay ningún macho a la vista, se las obliga a vivir en un proceso constante de embarazo artificial de por vida, en la que dan a luz y producen leche, dan a luz y producen leche. Una y otra vez hasta que ya no son rentables y se las envía al matadero. Esto, querido lector o lectora, no tiene otro nombre más que explotación. La leche es puro sufrimiento y no hay excusa alguna que pueda justificar su consumo.

Y lo siento, el adjetivo ‘felices’ tampoco me hace sentir mucho mejor. Por si te lo preguntas, esto es lo que tengo en mente cuando pienso en una vaca feliz, libre de abusos y cadenas; un ser vivo disfrutando de su vida.

La segunda razón va todavía más allá: la industrialización de la ganadería es uno de los negocios más destructivos que se conocen. Como ves, el círculo se amplía y ahora entra en juego la salud del planeta. Contaminación, cambio climático, la degradación del suelo, del agua y del aire que todos respiramos.

La FAO ya decía en 2006 que la ganadería era la responsable del 18% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero. En la actualidad se estima que es la causante del 51% de todas estas emisiones. Más que todos los transportes juntos. Terrible, ¿verdad?

Si te pica la curiosidad y te apetece saber más, te recomiendo Cowspiracy. En ella se explora el impacto de la ganadería en el medio ambiente y se investigan las políticas de diferentes organizaciones ambientales al respecto. Otra interesante charla que pone en evidencia la huella de la industria animal y su papel en el calentamiento global es Meat the Truth.

El tercer motivo es el hambre y la pobreza. En la actualidad, 1 de cada 7 personas en el mundo vive en condiciones de malnutrición que, expresado en números, vienen a ser unos 800 millones de personas. Sí, has leído bien.

¿Y qué tienen que ver las vacas con todo esto? Aproximadamente un 70% de los cereales en el mundo son consumidos por los animales de granja (¡en lugar de humanos!) que después se comerán los países desarrollados cuando hay 21.000 personas que mueren de hambre cada día.

Si tenemos alimentos y recursos de sobra para dar de comer a la población, ¿por qué no cambiar el modelo y la forma en que nos alimentamos por pura compasión hacia el prójimo? Si consiguiésemos reorientar nuestros hábitos hacia una dieta libre de productos animales, no me cabe la menor duda de que se aliviaría esta ilógica situación.

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Y la cuarta razón es nuestra preciada salud.

En realidad, la leche de otros animales no es necesaria para nosotros. La naturaleza ya se ha encargado de diseñar cada una de estas secreciones con sabiduría, según las necesidades y tamaño de cada mamífero por lo que, en el mismo momento en que cruzamos la barrera entre especies, entramos en un intercambio de fluidos antinatural, nada saludable y como he dicho antes, muy cruel.

Vivimos en un mundo lleno de alternativas a la leche animal, como las bebidas vegetales que contienen más calcio, más nutritivas y muchísimo más éticas. ¿Para qué seguir promoviendo un tipo de ganadería cuyo único objetivo es mantener vivos a animales en continuo estado de explotación? ¿Es necesario infligir tanto dolor y sufrimiento para obtener un simple vaso de leche? Hay algo que no encaja.

Somos un animal inteligente, o al menos eso nos gustaría creer.

El grado de desarrollo al que hemos llegado en la actualidad, nos permite pensar más allá de la propia supervivencia. Alimentarnos mejor, escoger alternativas éticas y prescindir de productos que comporten un sufrimiento animal y un impacto medioambiental innecesario, es el siguiente paso para lograr una convivencia amable y sensata con el entorno. Promover una forma de vida compasiva con el resto del mundo, no puede ser tachada de extremista jamás de los jamases.Cómo hacer leches vegetales en casaPara acabar, me gustaría expresar un par de pensamientos en voz alta: no podremos avanzar hacia una sociedad más generosa, más altruista, más compasiva si giramos la mirada hacia otro lado. Porque tú y solamente tú, puedes cambiar esta situación a partir de la correcta elección de tus alimentos.

Larga vida a las vacas, larga vida a los animales, larga vida a nuestros vecinos, larga vida al planeta y por supuesto, larga vida a tu salud para que puedas disfrutar en paz de todo lo anterior :-)

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